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El Frottage y la sorpresa


Espalda

¿Es el Frottage  una técnica para miedosos… o para quien quiera que algo le sorprenda, pero sin demasiado riesgo?

A veces se quiere pintar, hay que usar el color, pero… da miedo. Se piensa que el color es algo muy difícil de manejar y no se tiene toda la técnica necesaria, parece que nunca se tiene toda la técnica necesaria.

El lienzo en blanco asusta y el primer color que se ha de dar, la primera pincelada… no llega.

Se mancha, bien con un color no demasiado “comprometido” o se empieza a trazar líneas a modo de boceto, de forma que luego nos permitirán seguir ciertas rutas con los pinceles; probablemente pocas de las originales terminarán siendo reconocidas al final.

El miedo siempre está presente, y es normal. El miedo es una constante de la vida y en cualquier actividad se expresa.

A veces ese miedo nos bloquea, otras nos hace tapar lo que hemos hecho, pero, lo hemos hecho así que ha de salir (pero no igual).

Eso es lo terriblemente atractivo, te atreves, porque sabes que lo vas a tapar, lo vas a negar y te vas a lavar las manos en el resultado, porque lo que salga ya no será totalmente tuyo, ya habrá vivido en otra parte, debajo de esa capa negra que lo tapó y que hará que el color haya cambiado, ya no será esa pincelada que tu diste, ahora es una mancha que no es exactamente del mismo color, eso dependerá de varios factores, incluso es posible que desaparezca completamente y el papel se  vuelva a ver tal como era antes de que el color estuviera en el.

No, definitivamente el Frottage no es una técnica para miedosos sino para quien quiera descubrir lo que la obra esconde, para quien se arriesgue a buscar.

huellas

La huella, darse sin pensar, a veces es un camino de una sola dirección, a veces de dos.

La huella no siempre es igual al objeto que la ha producido. Deja en ella lo más intenso y lo más débil, queda reducida a sombras sin fuerza, sin mucho que decir pero sin las cuales nada tendría sentido.

Algo muy fuerte, muy intenso, muy cargado puede producir una huella que es más que eso, es otro igual, semejante, idéntico. Deja así de llamarse huella y pasa a ser otro yo. No es una huella, es una impronta que lo devora todo, que anula lo que toca. Sí, se ha de tocar. ¿El contacto es imprescindible para que se produzca una huella? De alguna manera sí, aunque no tiene que ser un contacto físico. Una mirada, un gesto, puede dejar una huella más profunda que mil caricias.

A veces las huellas se descubren por lo que mueven a su alrededor, no por una huella concreta, más o menos exacta. Quizás eso que mueven alrededor sea la huella. Pasan cosas que, en sí mismas, no producen ningún efecto pero que alteran todo un mundo a su alrededor, entonces ¿cuál es la huella?

Algunas huellas dan brillo, iluminan lo que dejan atrás. Como estas piedras a las que baña el mar. Otras huellas opacan, tapan o incluso destruyen.